El abandono de la salud pública y la crisis del sarampión
- La Otra Verdad MX
- 11 feb
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La reaparición del sarampión en México no es un accidente epidemiológico ni una fatalidad inevitable. Es la consecuencia directa de años de debilitamiento institucional, recortes presupuestales y decisiones políticas que relegaron la prevención sanitaria a un segundo plano. La crisis actual exhibe con claridad el abandono de la salud pública durante la Cuarta Transformación.
Durante décadas, México fue reconocido como un país con altas coberturas de vacunación y una sólida red de prevención. Programas nacionales permitieron erradicar enfermedades que hoy vuelven a aparecer. Sin embargo, desde 2019, la desaparición de esquemas de vacunación sistemáticos, la centralización improvisada de compras, la ruptura de cadenas de suministro y la desarticulación del primer nivel de atención dejaron huecos que hoy cobran factura.
El brote de sarampión no surge de la nada. Es el resultado de años en los que dejaron de realizarse campañas intensivas, se redujeron brigadas comunitarias y se normalizó la falta de vacunas en centros de salud. La narrativa oficial insiste en que hay abasto suficiente y que la población debe acudir a inmunizarse, pero esa explicación ignora una realidad documentada: durante varios años, millones de niños no fueron vacunados a tiempo porque el Estado no llegó a donde debía llegar.
La estrategia de salud de la 4T priorizó la eliminación de intermediarios y la austeridad por encima de la capacidad operativa. En los hechos, eso significó menos personal, menos logística y menos presencia territorial. La prevención dejó de ser prioridad frente a una visión reactiva que sólo se activa cuando el problema ya está encima.
Hoy, con contagios en múltiples entidades y el riesgo real de perder certificaciones sanitarias internacionales, el gobierno intenta corregir a marchas forzadas lo que descuidó durante años. Las jornadas emergentes y los módulos improvisados no sustituyen un sistema permanente de prevención ni compensan el daño acumulado.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que el sistema de salud funciona y que los problemas se están resolviendo. Sin embargo, el sarampión es una enfermedad prevenible, y su regreso es una evidencia contundente de que algo falló antes, no ahora. La emergencia no es sólo sanitaria: es institucional.
El fondo del problema no es el virus, sino la fragilidad del Estado para cumplir una de sus funciones más básicas: prevenir. La salud pública no se sostiene con discursos ni con respuestas tardías, sino con políticas continuas, inversión sostenida y presencia constante en el territorio. La crisis del sarampión no es un error aislado: es el síntoma de un abandono que hoy ya no se puede ocultar.



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